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miércoles, 14 de noviembre de 2018

Manos de lija, visión femenina. El lado romantico de las cosas

Se sonroja fácilmente y eso le hace sexy, casi tanto como su sonrisa, una de esas de oreja a oreja, de las que iluminan una habitación. Su mirada es alegre y chispeante, y tiene unos preciosos ojos azules con los que te derrite al mirar.
Es uno de esos tipos sencillos a primera vista pero que te atrapan sin darte cuenta, atractivos al segundo vistazo. Tiene un cuerpo bien contorneado, cintura estrecha, culo prieto y espalda ancha, un  triangulo de las bermudas, e imagino que luce unos impresionantes abdominales.
Me atrevería a decir que es un empotrador, o tal vez lo sea en mi mente pervertida y morbosa, en mis sueños mas eróticos y húmedos. Esos en los que sientes cada caricia como si fuese tuya, donde la humedad de tus muslos recorren cada centímetro hasta los tobillos y donde los jadeos se hacen cada vez mas intensos, hasta que, sin darte cuenta, llegas a un clímax tan real como doloroso, al despertar y ver que el no es el dueño de tu placer.
Y el morbo esta servido, al menos así lo sentí cuando, por primera vez, note sus manos, cuando sin querer, un rocé de su piel me hizo estremecer. No eran suaves, al contrario, eran ásperas y secas, como la lija. Pero eso no me echo atrás, al revés, quería volver a sentirlas, quería ver cuanto me excitarían, quería sus manos de lija sobre mi piel.
Desde aquel día, imaginaba su cuerpo sobre el mío, acariciando mis muslos con sus ásperas manos, sintiendo sus labios en mi boca, ahogando mis gritos de placer. Me veía tirando de su pelo, alborotándolo y despeinándolo, y su profunda mirada, sus bonitos ojos azul intenso, puestos en mi, como si en ese instante no habría nada mas importante en el mundo, solo el, yo y el mas intenso y profundo de los placeres. Un sueño que se repetía una y otra vez.

Me gusta observarle, ver como se mueve, como respira... es una delicia verle sonreír, oír su sexy, suave y masculina voz. Me derrite cuando me mira a los ojos mientras habla, es como un vicio incontrolable mirar sus sensuales labios y no dejar de morder los míos, como si fueran los suyos los que están en contacto con mi boca. Y sus manos... me vuelven loca, ásperas, masculinas... de esas que saben tocar, de las que acarician suavemente pero con firmeza. 
Nada en el me desagrada. Tal vez algo si... su forma de hablarme, pero claro ¿quien soy yo? Yo no soy nadie, solo la chica que pasea de un lado a otro con el trapo en la mano. Solo aquella de la que nadie recuerda su nombre. 
¿Quien? 
La chica de la limpieza.

continuara...

lunes, 6 de marzo de 2017

Manos de lija (parte dos)

Y aquí estoy, con una tía que me vuelve loco, medio en pelotas, en la sala de spinning de un gimnasio, con el rabo tieso y con los ojos mirando hacia la puerta, por si nos pillan en medio del polvazo que le pienso echar.

Sus manos aprietan mi culo con ansia, y las mías sienten la humedad de su chocho moreno, que hace que mis dedos resbalen en su interior con suavidad, sus jadeos se intensifican y sus caderas se mueven hacia delante y hacia atrás.
Siento sus manos bajando mi slip, mi polla salta de alegría al ver que se agacha y con mirada lasciva se la mete en la boca. No deja de mirarme. No deja de lamerme. La mordisquea, lo acaricia, y yo estoy en la puta gloria.
Vuelve a mi, ansiosa. Me besa. Me alborota el pelo, me desnuda mientras me va acariciando... me esta volviendo loco, y este es el momento, aquel que estaba deseando, aquel por el cual me decidí a venir al gym. La empotro contra una de las vigas de la sala, sonríe... la levanto suavemente mientras beso su ombligo, recorro con mi lengua su pubis, le miro a los ojos,  lo desea. Coloco sus piernas sobre mis hombros, y me embriaga su aroma, cierro los ojos y disfruto del momento. Tiene sus manos entrelazadas con mi pelo y suavemente me voy acercando... siento el calor, la humedad... mi lengua recorre todo su esplendor, muerdo su clítoris con suavidad, noto como crece, como se endurece, como se humedece... tira de mi pelo hacia atrás y me pide que la bese. Nuestro sabores se unen en nuestras bocas. Se
cuelga de mi cuello mientras se posiciona para que la penetre. Deslizo mi polla en su interior, el placer nos envuelve, jadeamos, follamos hasta corrernos, yo sujetándome a la viga, ella sujetándose a mi, como siempre quise hacer y no pude, hasta ahora.

 El gato y el ratón están cachondos perdidos, aun teníamos ganas de mas, pero me faltaba algo de música, algo de ritmo para nuestras caderas. Me acerco al equipo de música y le enchufo mi mp3. Busco algo con ritmo, mientras ella coge una pelota, una de esas grandes que utilizan para pilates. No se que pretende pero pienso averiguarlo.

No soy de música sensual, así que espero que le vaya lo duro. Suena "believer" de imagine dragons, desde que la escuche he querido follar al ritmo de esta canción, y después, "chop suey" de system of a down ¡¡brutal!!
Al girarme para buscarle, la veo mirándome, sujetando la pelota entre las manos, con una enorme sonrisa en su preciosa boca. Me mira la polla, que le devuelve la sonrisa.
- ¿Siguiente asalto? -pregunta humedeciéndose los labios y tirándome la puta pelota. Se esta descojonando la muy puta y encima tocan a la puerta.
-¡¡Ocupado!! -grita mientras ríe a carcajada. Me encanta su atrevimiento, su naturalidad, su risa, su mirada, me encanta toda ella.
-Que ¿has terminado? Yo quiero otro. ¿Que pasa? ¿No puedes o que? -me esta provocando.
-Solo admiraba lo que tengo frente a mi. -lo digo sin pensar.
-¿Te vas a poner romántico?
-No me jodas, venga al lío. -disimulo y le lanzo la pelota.
Me indica que le siga con el dedo, obedezco. Me lleva al fondo de la sala, coloca la pelota en el suelo y se vuelve hacia mi. Coloca sus manos alrededor de mi cuello y me susurra al oído:
-¡Vamos manos de lija, que no se diga!
-¿Quieres jugar? -no se si me vacila, pero me gusta.
-¡Quiero follar! -me dice tirando de mi pelo y obligándome a que me siente sobre la bola. Se coloca sobre mi, me acaricia, me besa, me penetra, ella lleva el ritmo. Un ritmo duro, rápido, excitante.
La música sigue sonando, y nosotros follamos a su ritmo.


Me pasaría todo el día aquí, con ella, desnudos, mirándonos, follándonos. Ya no solo por el placer del sexo, que también, si no por su compañía, su insolencia, su atrevimiento, que me excita, me gusta, me enamora, si, lo he dicho, me enamora, a tomar por culo.

Continuara...

viernes, 17 de febrero de 2017

Manos de lija (parte uno)

La idea era ejercitar el cuerpo, convertir mis  lorzas en una tableta de chocolate, de esas que vuelven locas a las mujeres. Hacer de mis fláccidos brazos un buen armazón para poder abrazar, y que cojones, para levantarlas al follar.
Por que seamos sinceros, a los tíos nos encanta la idea de follar empotrándolas contra algo, agarrándolas del culo y abriéndoles bien las piernas, para que les entre todo el trabuco. También me mola la idea de comerles el coño contra la pared, ya sabéis, sujetando su cuerpo en mis hombros mientras me alborotan el pelo y gritan mi nombre una y otra vez.

Conseguí mi objetivo, y algo mas.

Llevaba un año moldeando mi cuerpo a base de dieta estricta y ejercicio, y aunque no había llegado al objetivo fijado por mi entrenador, se notaba un cambio considerable.
Eran las diez de la mañana de un frío viernes de diciembre, llevaba casi una hora de entrenamiento cuando una chica alta, morena, de intensos ojos verdes y una preciosa sonrisa entro en el gym. Su dulce y embriagador aroma penetro en mis fosas nasales a su paso por la sala de maquinas, haciendo que me desestabilizara y cayera a sus pies, poniendo en sus mejillas un bonito color rosado. Con su dulce mirada me ofreció la mano para ayudarme a ponerme de pie, y con un "hola que tal" termino de romper todos mis esquemas.

La gente que se entrena en un gimnasio, sabrá, que si lo hace sin guantes, acaba teniendo unas manos llenas de durezas, ásperas y secas, por que los tíos, al menos yo, no nos cuidamos una mierda la piel.
Al principio no me molestaba, miraba mi cuerpo y merecía la pena, pero a las tías no les gustaba, ellas preferían unas manos suaves y bien cuidadas, así que me daban el coñazo para que me diera cremas. Decían que a las tías les gustaba los tíos de manos suaves, que mis manos de lija no las soportaría ninguna mujer, que con esa piel nunca me follaria nada y bla bla bla...
Se equivocaron. Folle, ya lo creo que folle. Joder, como me la folle.

Aquella morena de mirada alegre y dulce aroma, era la nueva profesora de spinning, y como buen empotrador, sabia que tenia que apuntarme a una de sus clases. No tenia ni puta idea de lo duro que seria, solo pensaba en tirarmela. En la sala de maquinas, sobre la colchoneta, en la ducha, en la sauna, sobre la cinta, contra la pared, de día, de noche... de todas las formas posibles, en todas las posiciones del puto kamasutra, en su casa y en la mía, en mi coche y en la moto... pero las manos, mi putas y ásperas manos...


Tres días por semana, durante una hora y 40 euros mensuales, mas otra hora de entrenamiento en la sala de maquinas y otros 40 euros mensuales, eran el coste por mi encoñamiento con la morena, pero el culo prieto y las piernas contorneadas también merecieron la pena.
El puto spinning era agotador, y Laura, la morena del culo prieto que me tenia loco, era una salvaje que no me dejaba respirar. Me sonreía putamente
cada vez que me veía sacar la lengua, y juraría que le ponía cachonda verme sufrir.
-Vamos, Alex, que no se diga. -me gritaba desde la otra punta de la sala mientras me guiñaba el ojo y se partía el culo, la muy puta. Como te coja te vas a enterar, me decía a mi mismo, pensando en empotrarla contra la pared, penetrándola una y otra vez, dejándola sin aliento entre polvo y polvo. Sin permitir que se corra, aunque me suplicase, aunque implorase, la follaría salvájemente y le castigaría con el placer mas extremo.
 Se me ponía dura cuando me sonreía. Y ella lo sabia. Ella decidió follarme aquella mañana de diciembre, y no al revés. Iluso de mi. ¿dulce? ¿tierna? mis cojones treinta y tres, era una salvaje indomable con piel de cordera que me volvía loco con su mirada traviesa y su sonrisa picarona. Me enloquecía por que solo era conmigo, solo yo veía ese otro lado salvaje y juguetón, por que era yo a quien ella quería en su juego, y eso me enloquece. El juego del gato y el ratón.

-Alex, tal vez necesites alguna clase particular, el pedaleo ha de ser mas intenso y no te veo sudar como antes. -me soltó de buena mañana, me dejo blanco. Pasamos al siguiente nivel.
 Gato 1, ratón 0.
-Si claro, me vendría bien, ya que últimamente estas floja y no me motivas nada.
Gato 0, ratón 1.
-¡Ah, si! Muy bien, en una hora te quiero ver en la bici. Veras que es motivación.
Gato enfadado, ratón cachondo.

En una hora la sala quedaría vacía, por lo que solo estaríamos ella y yo, mi culo en un aprieto, mi polla saltando al vació y mi sufrimiento dibujando una sonrisa en sus labios.

-Muy bien Alex, vamos a ver ese culo arriba, no quiero verte  apoyarlo en el sillín ni un segundo... ¡¡Vamos arriba!! -la música suena alta a rabiar, la bici esta dura de cojones y su mirada en mi espalda, mirándome el culo... puta madre, lo que  hace uno por follar, joder.
La sala estaba cerrada a cal y canto, solo ella y yo, el gato y el ratón, y una bici. Yo sudaba como un cerdo. Sentía su mirada en mi culo e imaginaba su sonrisa de satisfacción y lo jodido del asunto es que me estaba poniendo tremendamente cachondo. Que no podía dejar de imaginármela empotrada contra la pared, jadeando de placer, gritándome que le de mas, suplicándome, alborotándome el pelo, y de pronto ¡zas! siento que me arde el culo.
-¿Que coño? ¿me has azotado el culo? -veo su mirada, su picardía en lo que acaba de hacer.
-Venga Alex, que no se diga...-ostia, mi nombre suena jodidamente sexy en su boca.
Gato 1 ratón 0.
-Bueno ya esta bien. Te voy a follar, ahora mismo, contra la pared, contra el espejo, en el puto suelo, me da igual, pero te lo voy hacer.
Se muerde el labio, la muy... estaba esperando, ella ha decidido que será hoy.
Me bajo de la bici. Esta tranquila, mirándome fijamente. Me acerco, sigue sonriendo. Pero estoy sudado, y no quiero que sea así. Y mis manos. Ostia mis manos.
-¿Alex? -me dice sorprendida.
Me paro en seco, y me doy cuenta que no es una buena opción, que no quiero hacerlo así. No quiero el recuerdo de un polvo rápido y sudado, o peor, un rechazo doble, sudor y manos de lija. No, hoy no será el día.
-Lo siento, tengo que irme, te libras por un pelo... -le dejo plantada, y veo la decepción en sus ojos, me pierde su mirada y no quiero dejarla así. Acerco mis labios a los suyos, sin tocarlos. La miro fijamente. Pestañea varias veces y vuelve a sonreír.
-¿Demasiado para ti? -me suelta mientras acerca sus labios hasta rozar los míos.
-No, yo... -y no puedo aguantarme. La beso. Labios carnosos y suaves. Jadea suavemente. Llevo mis manos a su rostro, ella rodea mi cintura.
Nuestras lenguas se unen en mi boca. Me aprieta el culo, mientras me acerca hacia a su cuerpo. ¿Quiere ver si estoy palote? Pues se va hacer daño, por que tengo el rabo como el martillo de Thor.
Suavemente la llevo hasta la pared. No parece molestarle mis manos, ni mi sudor. Se deja llevar. Manosea mi cuerpo, acoge mi lengua en su boca. Pasa sus manos por mi cuello y eleva sus piernas hasta mi cintura. Esta dispuesta, estoy deseoso.
-¿Puede entrar alguien? -pregunto intrigado.
-Si. -responde segura, mientras me quita la camiseta, y se muerde el labio, le gusta lo que ve, me mira lasciva, me pone a mil.
Con cierto miedo meto mis manos por debajo de su camiseta. Su piel suave reacciona a mis caricias. Le gusta. Jadea. Subo por su espalda, despacio, bajo hasta sus caderas, me recreo en el paseo, lento, disfruto. Tira de mi pelo, me susurra al oído "me gusta" y me vengo arriba. Le suelto el sujetador, le subo la camiseta hasta quitársela y veo asomar sus precisos pechos, turgentes, endemoniadamente perfectos. Los beso, los lamo, los muerdo... jadea otra vez, esta disfrutando. Tengo el rabo para reventar, pero hay mucho que disfrutar aun. Siento sus manos a través del pantalón, acaricia mi culo, lo aprieta, lo estruja entre sus dedos, me pide mas... pasamos al siguiente nivel.
Gato 1 ratón 1

Continuara...

miércoles, 9 de julio de 2014

En la barra del bar...

No pude esperar. Le vi sentado en la barra del bar, con su cerveza fría y su cigarro celtas en la boca. Me acerque sensual, suspirando descaradamente y mojándome los labios. El sabía lo que eso significaba y no pudo evitar sonreír. Me acercó a el con un tirar de mi blusa y un agárrame el trasero, note sus dedos rozar mi chocho, lo que me llevo a la mas absoluta locura sexual. A dos centímetros de su boca, su aliento llego a mí como un ligero perfume, erótico, caliente... le bese, pasional, cachonda... y me aleje hasta entrar en el baño del local. Dentro le espere, semi desnuda y cachonda, pero el no llegaba. Pasaron veinte minutos cuando me canse de esperar, me vestí y me acerque a la puerta. Pensaba montarle una buena bronca, no se puede poner cachonda a una dama y dejarle esperando en un baño público... pero para mi sorpresa la puerta no se habría. Mi enfado era
monumental, pero no más que mis ganas de follar con mi marido, así que espere pacientemente. Sabia que el era el artífice de ese caos. Le gusta jugar, y a mi no me gusta perder.
Serian las once de la noche cuando la puerta se abrió, estuve tres horas allí metida, pero la espera mereció la pena. El bar estaba vacío, las persianas echadas y en todas las mesas había una vela con aroma a coco. Sonaba una suave melodía y mi marido esperaba desnudo sobre la barra del bar. Esta era su fantasía.

Mi chocho comenzó a lubricar cuando el me subió a la barra. Sin decir una palabra comenzó a desnudarme. Su lengua recorría mis muslos, mientras sus manos acariciaban mi espalda y mis pechos. Sentí gozar cuando su boca y sus labios entraron en mi abertura vaginal, sus dedos recorrían mi cuerpo suavemente y mi mente se dejo llevar. Mis piernas alrededor de su cuello mientras lamia mi coño me llevaron al éxtasis y sus ganas de follarme sobre aquella barra casi le revientan el rabo. Me penetro salvaje, ansioso, y yo le acogí entre mis piernas como si fuera nuestra primera vez. Su respuesta no se hizo esperar.

 

viernes, 4 de julio de 2014

En la biblioteca

Sentada sobre la mesa, con las piernas abiertas, lo provocaba. El miraba y apenas esbozaba una media sonrisa, pero su mirada lasciva le delataba, estaba deseando follarme allí mismo, sobre la mesa de la biblioteca, aun sabiendo que no podríamos y eso era lo que nos estaba matando, el querer follarnos y no
poder hacerlo.
Moje  mis labios muy despacio mientras colocaba un mechón de mi pelo detrás de mi oreja, un acto sensual y erótico difícil de resistir.
El se levanto de la silla y colocándose bien las gafas se acerco a mí, muy despacio. Mi corazón se acelero, mi chocho se humedeció y mi boca entreabierta dejo escapar un pequeño gemido ¡¡estaba completamente cachonda!!
Rozo suavemente mi muslo mientras su mirada se clavaba en la mía, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, se acerco y me susurro:
-Pienso follarte en esa mesa... –casi me meo en las bragas al oírlo, pero lo mas excitante fue sentir su aliento cerca de mi, sentir el roce de su piel e imaginarme desnuda sobre aquella maldita mesa mientras el me follaba con pasión y desenfreno.
La bibliotecaria nos miraba por encima de sus grandes gafas, y no parecía tan excitada como yo... ¿por que será, que todas las bibliotecarias son unas remilgadas con necesidad de sexo?  Pero yo era distinta, yo era la nueva bibliotecaria, moderna y sexy... y no se que tienen las bibliotecas que me excitan tanto... el silencio, el olor de los libros, la iluminación...

El hombre sexy desapareció de mi campo de visión, me pase toda la tarde cachonda pensando en aquella mesa con mi culo desnudo sobre ella. Quedaban 15 minutos para el cierre y la señorita Rotermeller no dejaba de perseguirme con la mirada por toda la biblioteca, esa tarde me tocaba cerrar a mí, así que me quede sola en cuanto las campanas tocaron las ocho en punto. Comencé a ordenar los estantes, colocando cada libro en su lugar, vaciando las papeleras, limpiando las mesas, barriendo el suelo y de pronto allí estaba el, sentado sobre la mesa desde la cual le había provocado durante casi una hora. Me esperaba con el torso desnudo y una enorme sonrisa:
-Te dicho que te follaria en esta mesa –me dijo mientras me indicaba que me acercara. Obedecí de inmediato, obviamente.
Sin decir una palabra comenzamos a besarnos, nuestras lenguas jugueteaban dentro y fuera de nuestras bocas, nuestras manos comenzaron con las caricias, las mías sobre sus muslos, las suyas sobre mi cintura. Se levanto de la mesa sin apartarse de mi ni un segundo, lentamente cambiamos posiciones, ahora era yo quien se apoyaba sobre la mesa. El sonreía, sabía lo que aquella situación provocaba en mí. Desabrocho mi camisa y mi sujetador, acaricio mis pechos turgentes y duros por la excitación. Podía notar su erección en mis muslos, lo que me excitaba sobremanera, saber que la situación nos ponía a cien a los dos. Subió mi falda hasta la cintura y me sentó sobre la mesa, abrió mis piernas delicadamente y me quito las bragas. Sobre la mesa, con la falda arremangada y las medias puestas estaba más que preparada para lo que se avecinaba. Sus manos comenzaron a deslizarse por mis muslos hasta llegar a mi chocho completamente mojado, sus dedos entraron con gran facilidad en mi vagina, mi cuerpo respondió con un jadeo y un suspiro. Acariciaba mi clítoris, introducía sus dedos, besaba mis pechos... ¡¡era el paraíso!! Pero yo quería más, y así se lo hice saber, el no tardo en complacerme. Desabrocho sus pantalones y dejo ver su miembro, parece que la ropa interior no era su fuerte por que no llevaba. Agarro mi trasero con fuerza y se acerco con su miembro apuntando a mi chocho, entro despacio pero sin dificultad, me agarre a su culo, duro y bien contorneado, mientras follabamos sobre aquella maldita mesa.

FIN

lunes, 26 de mayo de 2014

Los de Bilbao también la saben meter

PD: Este relato transcurre en la Aste Nagusia de Bilbao, la semana grande, por que lo hice para un concurso y asi estaba estipulado en las bases. Pero puede ser una historia que suceda en cualquier ciudad, pais o continente. 


  Estoy harto, lo dicen en todas partes, y lo cuentan como  algo gracioso, pero yo me siento ofendido, cabreado y en absoluto identificado con eso de que los vascos no sabemos follar. Es por esto que he decidido que en esta Aste Nagusi voy a follarme todo lo que se me ponga a tiro, puede que incluso lo haga delante de una cámara de algún Banco del casco viejo, para que así quede grabado para la posteridad. He preguntado por el curro y algunos colegas, incluso he llamado a amigos de la universidad para hacer un pequeño cuestionario para ver como los tíos de Bilbao nos desenvolvemos en la cama, y la verdad es que he encontrado de todo, desde el empalagoso romántico, hasta el follador vividor que se tira a diestro y siniestro a jóvenes, mujeres y maduras. Ninguno ha recibido queja alguna por parte de sus amiguitas ni amantes, de hecho más de una ha repetido. Yo no he follado mucho, lo reconozco, pero no por no saber, si no mas bien por una cuestión de principios, solo follo con mujeres con las que tenga en común algo mas que una necesidad fisiológica, yo necesito sentir, no tiene por que ser amor, pero si una pequeña amistad o por lo menos haber tenido un par de citas de esas de ir al cine y después a cenar. No soy de esos tíos a los que les gusta salir de caza los fines de semana, buscando desesperadamente una hembra en celo a quien meterle el gusanito y después si te visto no me acuerdo, pero he decidido dejar de lado mis principios y tener el mayor numero de encuentros sexuales durante la semana grande de Bilbao, y por supuesto  dejando bien satisfecha a la mujer que penetre con mi trabuco. Es una tarea ardua y difícil por lo que no voy a hacer excepciones de ningún tipo, altas o bajas, flacas o rellenitas, feas o guapas.... todas las que se me pongan a tiro tendrán la oportunidad de probar mi varita mágica, y todas y cada una de ellas disfrutaran como locas por que los vascos si sabemos follar.
            Soy un tío guapito, no lo digo yo, lo dicen las mujeres con las que he estado, unas cinco sin contar un ligue de fin de semana en una fiesta loca en Ibiza. Me han tirado los tejos todas las amigas de mi madre, algún amigo de mi hermana, las amigas de mi novias, las novias de mis amigos, todas las tías que entran en el bar, creo que no lo he mencionado, trabajo en un bar, uno de esos en los que  rebosan los txiquiteros y los grupos de amigas que con un café se pasan toda la mañana criticando a sus maridos y a sus suegras, un local que  el fin de semana se llena de jóvenes que salen a alternar el buen ambiente que siempre se respira por el casco viejo de Bilbao.
Siempre trabajo en la Aste Nagusi, me encanta el ambiente que genera estas fiestas, el olor del kalimotxo, de la pólvora de los fuegos artificiales, incluso los pintxos de la barra tienen un olor distinto, de fiesta y buen ambiente, pero este año he decidido cogerme la semana libre, para sorpresa de mi jefe, que no me ha puesto ninguna pega:
-Aita, estas fiestas necesito librar, voy a hacer un experimento sociológico con todas las féminas que se pongan a mi disposición.
-Joder Josu!!Ya no sabéis que hacer los jóvenes para echar un polvete!! - había olvidado mencionar que el jefe era mi padre. El bar era un negocio familiar en el que trabajábamos todos, mi hermana, mi madre, mi cuñado, mi padre y hasta hace un par de años también mi abuela, una de las fundadoras de este pequeño negocio familiar que fue creciendo gracias a los esfuerzos de mis abuelos y mi padre.
            Todo esta preparado para acoger a todas las personas que vienen a disfrutar de nuestra Aste Nagusia, las txosnas del Arenal, las barracas en el parque de Echevarria, el teatro Arriaga, los fuegos artificiales y todos los conciertos que se dan en esta semana grande, y por supuesto mi polla loca que esta que se sale del calzoncillo pensando en todos los chochos que va a penetrar.

Estoy plantado frente a la farmacia que esta en la calle Buenos Aires calculando cuantos gorritos para el pito necesitare, el sexo siempre seguro y más en una situación como esta. Me cago en la puta!!! Pero cuantos tipos de condones hay? La ultima vez que compre un paquete de gomas, allá por el año 2010, solo tenían de los normales, extra lubricados y de colores, y ahora los tienen con estrías, de sabores, finos, súper finos, grandes, extra grandes, y además esta lo de las marcas, he contado seis marcas de condones diferentes. No es que lleve tantos años sin echar un polvo, es que hasta hace seis meses he tenido pareja estable y nuestro método anticonceptivo era follar una vez al mes y nunca  dejaba que mi semen entrara en su cuarto oscuro. Con otras parejas, eran ellas las que compraban los condones, incluso tuve una pareja que llevaba el DIU y el sexo era a pelo, una maravilla, lastima que también lo era para mi vecino.
Me decido por los extra finos pensando en hacer mas placentero el sexo, tanto para mi como para las mujeres que acepten ser penetradas por mi verga. He comprado 24 condones para 7 días, lo que hace una media de 3 polvos por día… ufff... ¡voy a tener que comprar un poco de ginseng para aguantar semejante cantidad de mete-saca!!!
            Sábado, cinco de la tarde, en unas horitas comienzan oficialmente las fiestas y mi estudio sociológico sobre lo bien que follamos los vascos. Me he puesto mis mejores vaqueros, esos que me marcan bien tanto el culo como el poderoso, una camiseta blanca y el pañuelito al cuello, ¡estoy que lo rompo!
Hemos quedado, los amigos y yo, en la plaza nueva para tomar unos potes antes de ver el txupin, estoy bajando por la calle Navarra y de frente subiendo por la misma acera, veo una preciosa morena que me sonríe, le guiño un ojo y ella se muerde el labio inferior, ¡joder, ya me ha puesto cachondo! Y  le echo un par de piropos:
-¡Morenaza! ¡Pero que buena que estas! Por que tengo prisa que si no….
-Bueno, cuando tengas un rato pásate por la txosna de Basket…
-¿Preciosa me vas a invitar a un trago?
-Si, si te portas bien.
-Mmm… a las 9:30 en punto me paso y te prometo que me portare muy bien…-me tira un beso, le vuelvo a guiñar y automáticamente ya tengo a la primera candidata, y encima se ha ofrecido ella… esto promete.
Estoy adentrándome en las siete calles y veo un grupo de tías muy rubias, con los ojos azul intenso, parecen sacadas de un anuncio ¡que preciosidad! Me tengo que ligar a una como sea, las extranjeras me ponen mucho y es un reto cojonudo para el estudio, por que así se llevaran una imagen de Bilbao mas que bonita, sexy y muy placentera, es bueno ampliar horizontes.
-¡Preciosas! ¿Necesitáis a un hombre como yo para que os guíe por esta bonita ciudad?
-No necesario, nosotros saber. –me dice una belleza escandinava de estas.
-A lo mejor lo que necesitan es otra cosa. ¿Que tal un guardaespaldas? –les digo sacando bola con los dos brazos.
-Eso depende, ¿todo lo que aprietas en tu cuerpo esta así de duro? –ya salio la graciosa del grupo, y encima que bien habla el idioma.
-Pues si, yo todo lo tengo duro y ¿tu?  ¿Lo tienes duro? –esta no sabe con quien esta hablando.
-¿Tu que eres el chulito de Bilbao, no? Venga tira para tu casa, que nosotras te venimos muy grande. –no te jode la rubia.
-Grande cuando me asoma el glande, ¡no te jode!
-Si, aquí mucho de boquilla, pero luego…
-Te espero a las 12 en punto en la plaza San Nicolás, ¡y veras lo que es grande rubita!
-Ja, no esperaras que asome el morro para ver algo insignificante, ¿no? –las otras rubias del grupo no paran de reírse, y esta graciosilla me la ha puesto dura con la tontería de siempre, le voy a hacer callar metiéndole el badajo hasta la campanilla.
-Mira bonita, este trabuco te penetra el coño y no dejarías de gozar hasta terminar las fiestas, déjate de chulería coño-duro y pásate a las doce en punto por la plaza. –me pone cara de guarrota lasciva, se moja los labios y me da un morreo que pensaba que lo haríamos allí mismo.
-Se puntual, no me gusta esperar. –me dice la tía sin despeinarse siquiera. Todavía no he llegado a la plaza nueva y ya tengo dos chochos locos a los que penetrar, si sigo así ¡¡tendré que comprar mas gomitas!!!
Estoy entrando a la plaza por la calle correos, y mentalmente voy recordando con quien, a que hora y en que lugar he quedado para echar un polvete ¡se me ha puesto dura solo de pensarlo! 
Todo transcurre con normalidad, el txupin ha sido impresionante, y los colegas están medio pedo, pero yo he de mantenerme sereno si quiero follar, al menos esta noche. Me dirijo a la txosna del Basket en busca de mi primer chochito, son las 9:20 y ya esta esperando, apoyada en la barra de la txosna, me mira con una sonrisa picarona y mi pene se vuelve loco. Según llego le agarro de la cintura y le planto un morreo, ella me corresponde, me coge de la mano y me lleva hacia el interior de una calle estrecha, me empotra contra la pared y me mete la mano por los pantalones, mi verga esta en pie y ella se acerca y me susurra:
-¡Vamos machote, follemos! –sin mas miramientos le subo la falda y le bajo las bragas, ella me saca el cipote, se saca una gomita del escote y me la pone. Me agarra del cuello, coloca sus pies en mi cintura y se mete todo el trabuco, estamos cachondos y jadeamos y empujamos, y nos besamos, y se la meto mas profundo, mas rápido, me estira del pelo y como una gata salvaje me araña la espalda y me chilla:
-¡Siii, mas….  aahhhhh!!!! –se corre, me corro…. –¡Muy bien, ha sido genial! –me dice, y se larga. Me quedo allí plantado, con el condón en el pito y una cara de gilipollas…. Y de repente ¡ chof ¡  un balde de agua fría me empapa, y se oye:
-¡Venga a follar a otra parte, coño! –menos mal que ya nos habíamos desfogado, pero yo estoy empapado hasta la txirula y todavía esta noche tengo otro mete-saca con una preciosa rubia escandinava, a si que me pongo los pantalones y cojo la marcha calle arriba, me dirijo a casa de mi hermana que me pilla cerca, y seguro que mi cuñado me deja algo de ropa seca. Apenas quedan unos metros para llegar cuando una preciosa pelirroja sale de un local, me mira y me dice:
-Pareces un pollito, te vas a resfriar, ¿quieres subir y ponerte ropa seca? Seguro que mi hermano puede dejarte algo.
-Bueno yo iba a casa de mi hermana que vive dos portales mas arriba, pero si me invitas, yo encantado.
-Jajajaja Josu, ¿estas ligando conmigo? Anda sube a ponerte algo seco antes de que enfermes. –No tengo ni idea de quien es, pero esta buenísima y seria un desperdicio desaprovechar la situación. Sin decir nada le sigo, no utiliza el ascensor y mientras subimos las escaleras su contoneo de caderas me pone palote. Se planta en el primero y entonces me doy cuenta, es la prima de mi amigo Ale, la conozco desde que usaba pañales, pero no la recordaba por que se fue a las Américas, y que bien le ha sentado el viaje. Abre la puerta, me indica que pase y según entramos me empotra contra la pared, ¡madre mía, pero que tenéis todas con la pared!
-A si que no me recuerdas ¡eh¡
-Si, si que me acuerdo Amaia, que bien te han sentado las Américas, estas para comerte.
-Sabes, siempre he estado loquita por ti, Josu. Pero tu no te fijabas mas que en las mujeres y no en las jovencitas como yo. –me quita la ropa, me besa, me acaricia, y yo…. con el rabo tieso. Pero no se si voy a poder y encima tengo a otra preciosidad rubia que me espera en la plaza.
-¿Que pasa Josu, no te pongo? Hace un momento me has tirado los tejos, y noto como la tienes de dura. –a tomar por culo, le agarro de la cintura, le como los morros y me la llevo al salón. Me tira en el sofá, me pone un condón y me folla, salvaje, sensual…
¡Estoy reventado! Salgo del apartamento de Amaia con ropa seca, la recamara descargada y pensando en abandonar esta locura.
Llego a la plaza y veo a la preciosa rubia esperando, apoyada contra la pared, con un pantalón vaquero y una camiseta ceñidita. Se moja los labios al verme llegar, su sonrisa me dice que esta preparada para una sesión intensa.
-Aquí esta el graciosillo de Bilbao, ¿que aun tienes ganas de jugar o te rajas? –¡uuuyyyy! eso si que no, un Bilbaíno no se raja nunca, aunque se me caiga el pito yo cumplo.
-¿Y que vas a hacer, darme con el látigo, como una dominatriz?
-Es una posibilidad, también había pensado en atarte a la cama y follarte hasta reventarte el glande ese que dices que tienes.
-Pues espabílate que tengo la cola a tope. –esta tía me pone mucho.
Me coge de la mano y me lleva a un hostal de la zona, es una habitación sencilla con una cama y un cuarto de baño, todo muy limpio. Me pide que me desnude y me meta en la cama mientras saca una esposas de un cajón.
-Espera, espera… pero no iba en serio, ¿no? Lo de las esposas digo.
-Que pasa, ¿te vas asustar por un poco de metal?
-No, no, haber… a mi me gusta tocar y acariciar, venga tía, esto ya no tiene gracia.
-¿Y tu eres de Bilbao? Lo dudo, no tienes cojones para ser bilbaíno.
-Me cago en la puta, venga ponme las esposas, pero te advierto que te iba hacer gozar y ahora tendrás que arreglártelas tu solita.
-¡Uuyy, si que pena! –me pone las esposas, en pies y manos, me siento indefenso y completamente expuesto, pero cachondo como un mono. Se dirige hacia la puerta, la abre y aparecen media docena de tías, entre ellas mi hermana, y comienzan a sacarme fotos.
-Esto pasa por hacerse el chulo, no se puede ir por ahí diciendo que te vas a follar a todas las tías que se te pongan a tiro y no pagar alguna consecuencia. A si que te quedas con las ganas, y si quieres follar vuelve en ti, que tu eras de los pocos tíos que no follaban por follar.
-¿Ainhoa que me has hecho? Yo solo quería demostrar que los vascos la sabemos meter.
-Si pero a costa de que, de utilizar a las mujeres. A nosotras no nos importa lo que digan, estamos contentas con lo que tenemos y no necesitamos que ningún hombre nos demuestre que lo hacéis bien en la cama. Lo importante es el amor y la compresión  que nos dan nuestros hombres, el sexo es algo que se puede aprender, y lo bonito es hacerlo en pareja, y no en una orgia, a si que se acabo tu estudio sociológico, la conclusión es que a nosotras nos parece bien como la meten nuestros vascos.


FIN

miércoles, 21 de mayo de 2014

Una Harley bajo mis muslos

 Sábado, el cielo despejado, toda una mañana libre para descansar y relajarme después de una semana atareada. Mi marido aun duerme. Me encierro en la cocina y preparo un café, unas tostadas y un zumo, hoy merezco un desayuno continental. El olor del café recién hecho es uno de mis aromas favoritos, y por lo visto no soy la única:
-Buenos días ¡que rico olor! ¿Hay café para mí? –mi marido viene al buffet mañanero.
-Claro, anda siéntate, hoy no hay prisa y quiero hacerlo con calma.
-¿Sexo por la mañana... mmm?
-NO, el desayuno. Hoy nada de ejercicio, relax total.
-¿Total, total? Uno rapidito eh...
-Toma  comete una tostada. –se la meto en la boca... ¡la tostada!
Desayunamos con calma, aunque alguien se levanto con tienda de campaña y no deja de echarme esas miraditas sexys de: ¡venga un polvete! Pero he decido no hacer nada hoy.
Una vez terminado el buffet me lío con la cama, pero solo la estiro un poco para que parezca que esta hecha:
-¡¡Jode, si te pones con el culo así no hay manera eh!! –me dice mi marido mientras restriega cebolleta por mi trasero.
-¡Eh, hemos dicho que relax total!
-No, perdona... lo has dicho tu, yo estoy en forma. –me susurra al oído mientras aprieta su cuerpo contra el mío.
-¡Oye, y si damos una vuelta en la moto! Hace un día estupendo...
-¿Te apetece? Pues vamos...
Es oír moto y el resto del mundo desaparece, incluido el sexo, al menos durante el tiempo que escuche el rugir de su Harley.
Ya en la calle el sol me recarga de energía, parece que como un instrumento solar, mi cuerpo necesite de los rayos para funcionar, pero es el tacto de la moto lo que realmente me hace sentir que estoy a tope. Es como una adicción, el rugir del motor, el cuero del asiento rozando mis muslos, el olor de la gasolina y  el abrazar a mi motero. ¡Es la mejor sensación del mundo!
-Hoy cambiamos de ruta eh... –me grita mi marido.

Tenemos varias rutas, dependiendo del tiempo que haga y del que dispongamos, podemos pasarnos horas sobre las ruedas. Pero hoy parece que me llevara algún sitio donde no hemos estado, algún lugar donde hay buenas vistas o un recóndito paraje para descansar.
Me aferro fuerte a el y me dejo llevar por el momento, por las sensaciones, los olores... cierro los ojos y todo se magnifica ¡¡madre mía, que maravilla!!
-Casi hemos llegado... –pues si que dura poco el viaje hoy.
-¡Ya! Que corto... la vuelta será mas larga ¿no?
-¡¡Larga la herramienta que llevo aquí!!
-¿Que? –con los cascos y el motor en marcha es difícil escuchar bien.
-QUE SI, MAS LARGA... –grita.
Para el motor, y lo único que veo es una enorme campa, varios árboles frondosos y un increíble silencio.
-¿Para que me traes aquí? No veo nada de otro mundo.
-No, no es cuestión de ver, si no de sentir...
-¡Ah! Entonces si, siento tranquilidad y silencio absoluto.
-Eso también. –me dice mientras le veo que saca una pequeña manta de una de las alforjas colgadas en la moto.
-¿Que haces?
-Voy hacer que sientas.
-¿Aquí, en medio del prado?
-Si lo prefieres sobre la moto... –me invita a subir mientras se desabrocha el pantalón.
-¡Ah, pero vas en serio!
-Bajo la sombra de aquel bonito árbol me penetro...
-¡Uy, tu estas muy mal eh!
-Con los rayos del sol acariciando sus pechos...
-Pero que te ha dao...
-¡Joder un poco de romanticismo coño!
-Vale, vale... me meto en situación... y con sus suaves labios me beso, mientras sus caricias me llevaban... ¡ay, no se! ¿A donde me llevaban?
-A un orgasmo infinito y pasional... bueno que ¿arriba o abajo?
-¿Se acabo el romanticismo? En la moto...
Se le ilumina la cara. Rápidamente se desnuda y me pide que lo haga yo también, pero me niego, que lo haga el. No me hace esperar y comienza a besarme el cuello mientras desabrocha mis vaqueros. Siento que esta ansioso pero no quiero correr, así que me hago la remolona para que se lo curre un poco. Con los pantalones en los tobillos me sienta sobre la moto, y el taco del cuero sobre mi piel desnuda es impresionante, lo que hace que me excite. Recorre mi cuerpo con su lengua hasta llegar a mi ombligo, suavemente baja mi tanga hasta quitármelo, y al volver a subir levanta mi camiseta y suelta mi sujetador. Ya estoy completamente desnuda, y excitada tanto por la situación como por su ansia y su buen hacer. Sentada sobre la moto, con el tacto del cuero sobre mis muslos, abrazados y cachondos, hacemos el amor.
-Ahora podemos repetir en la manta...
-Ahora nos relajamos, que al final te saliste con la tuya.

FIN

pd: para izeko y osaba, los moteros :-)

sábado, 29 de marzo de 2014

Rico chocolate

           Es viernes, he pedido el día libre en el curro para organizar unos papales en la embajada, algo que tenia pendiente y ya no podía esperar mas, pero según entro en el edificio, menuda sorpresa ¡¡esta abarrotado de gente!!
Me veo toda la mañana esperando en alguna cola de las cuatro que hay abiertas, y cuando me llegue el turno cerrarán la ventanilla para ir a comer, tendré que volver por la tarde y esperar otra vez... ¡uf! Eso me pasa por dejarlo para el último día.
Es la parte negativa de vivir fuera del país, cada cierto tiempo necesitas renovar el papeleo, y la verdad te vuelven loca.
Con resignación me coloco en la fila número 2, detrás de una mujer y su joven acompañante. Ella tendrá alrededor de los 56 y el unos 25, no dejan de hacerse arrumacos, de toquetearse mutuamente y de besarse como dos enamorados.
En la fila de al lado hay un señor de unos 70 años, que no le quita ojo a la pareja de mi lado, y me doy cuenta que ella arrastra a su joven novio hacia el servicio de señoras, y tiene toda la pinta de que van a echar un buen polvo. La mayoría de la gente del edificio se ha dado cuenta, incluso el guarda de la puerta, pero nadie hace ni dice nada.
Y yo tengo una duda ¿debo guardar el sitio para cuando terminen? ¿O que les den y vuelvan a la fila desde atrás? Al fin y al cabo el sexo es una necesidad, como el comer o el dormir ¿o no?

Mientras sigo esperando decido ponerme un poco de música, así la espera será más agradable y mi cuerpo se va entonando para el fin de semana. Un poco de rock y mis pies ya comienzan a moverse al ritmo de la música, es inevitable.
De pronto siento algo a mi espalda, un chico guapísimo me hace señas con la mano, pero con los cascos y la música no le oigo.
-Disculpa, con la música no podía escucharte ¿en que puedo ayudarte?
-Hola, preguntaba que tipo de música escuchas, te he visto mover los pies e incluso tararear una canción y me ha entrado la curiosidad.
-¡OH! Pues es rock, algo de la tierra, de España.
-Si eso me ha parecido, ¿Fito? –me sonríe y me guiña un ojo.
-Si... madre mía ¿tan alto he cantado? –me ocurre a menudo, no puedo evitar tararear a Fito y sin darme cuenta subo el tono.
-jajajaja un poco nada mas, pero tengo buen oído y además soy fan. –me enseña su bonito tatuaje dedicado a una de las canciones de Fito.
-¡Vaya que bonito! ¿Te dedicas a la música?
-No. Soy maestro chocolatero, y estoy aquí por un concurso sobre chocolates.
-¡Vaya! ¿En serio? Me encanta el chocolate en todas sus formas y sabores.
-Tengo un local, en el centro, hacemos pequeñas degustaciones de chocolates ¿te apetece venir?
-Si claro, seria genial. –sonrío de lo contenta que estoy, jamás he ido a una cata de chocolates.
-Pero he de advertirte de algo. –se pone serio.
-¿Que?
-El chocolate es adictivo, y afrodisíaco,  deberías venir acompañada. Tal vez tu chico... –claramente esta ligando y quiere saber si tiene vía libre.
-Bueno seria una posibilidad, solo hay un problema.
-¿Cual? –pregunta con los ojos tan abiertos que parece que se le van a salir de las cuencas.
-Yo no tengo chico.
-Bueno...Tengo una degustación esta tarde ¿vendrás? –de pronto sus bonitos ojos  color miel chispean de alegría al saber de mi soltería.
-Claro, me apetece mucho. ¿Como se llama el local? –pregunto con mi mejor sonrisa.
-Rico chocolate. Lo se, no es original, pero el chocolate es un producto que no necesita una gran publicidad, y menos en este lugar. –me explica algo sonrojado.
-No, esta bien. Explica todo en pocas palabras. ¡Me gusta!
Y sin darme cuenta apenas faltaban un par de personas en la cola. La pareja de enamorados aun no había vuelto a la fila y yo pase el rato charlando con un chico guapo, que además me invito a una cata de chocolates ¡mmm... que delicia!
-Siguiente.-llama la sosa del mostrador.
-Esa soy yo. Entonces luego nos vemos ¿sobre que hora?
-Las siete es buena hora.
-Genial, hasta la tarde. –me muerdo el labio sin darme cuenta, veo la excitación en su cara, nos  miramos con ganas de algo mas, y me doy cuenta que la cita será mas que una degustación de chocolate.

Estoy a punto de salir del edificio, cuando escucho aplausos a mis espaldas, me giro para ver que sucede. Son los tortolitos, acaban de salir del servicio de señoras, ella completamente despeinada y con la falda al revés. El con una gran sonrisa y un cigarrillo entre los dedos. Una amplia sonrisa adorna mi cara, la situación es divertida y excitante.
En veinte minutos llego a casa, y no puedo resistir la tentación de buscar “rico chocolate” en mi portátil. El local esta muy céntrico. Tiene un montón de variedades de chocolate, y las catas suelen ser para grupos muy reducidos, y siempre previa reserva, me siento agradecida por su invitación.
Ring... Ring... Ring suena el teléfono
-¿Si? ¿Quien es?
-Hola guapa ¿preparada para el fin de semana? –es Nacha.
-¡uf! Tengo que contarte algo.
-¿Algo bueno? –le encanta el cotilleo
-¡He ligado Nacha!
-¿Que me dices? ¿Y es guapo?
-Si, muy guapo y muy simpático. Me ha invitado a una degustación de chocolates
-¡Uno de tus vicios favoritos! ¿Es pastelero? –me pregunta
-Maestro chocolatero.
-Mmm... Suena sexy. Ahora solo hace falta que folle bien ¿eh?
-Pero que bruta eres, además solo es una cita para chocolatear jajajaja
-Si, si... espero detalles nena. ¡Pásalo bien! Ya te llamo, un beso cariño.
-jajajaja gracias, un beso, estamos en contacto.

Estoy muy ilusionada con la cita, me he duchado y depilado, por si las moscas, y estoy alisándome el pelo. Faltan un par de horas para las siete, pero quiero darme una vuelta y ver como trabaja, conocer el lugar y ponerle un poquito nervioso jajajaja.
Me he puesto una falda que me sienta genial, con una medias algo tupiditas por el frío, y unos zapatos con tacones discretos. La lencería negra y con bordaditos rojos,  una camisa negra entallada y el abrigo largo. Creo que me he pasado un poco con el perfume, y el maquillaje es muy natural. Me miro en el espejo de la entrada ¡estoy genial!

Aquí el frío de la tarde es helador, así que un chocolatito caliente sienta bien, creo que voy a disfrutar mucho con esta cita.
Le veo tras un mostrador, con una bata blanca y un sombrero muy divertido, la tienda esta llena de gente y veo en el horario colgado en la puerta, que dentro de una hora cerraran las puertas ¿entonces las catas son a puerta cerrada? Vaya que lujo.
Entro. Me saluda. Me sonrojo. Me guiña un ojo y me doy cuenta que me pone mucho. Tal vez sea el aroma del chocolate, que me enciende... pero le miro y no puedo evitar morderme el labio, para provocarle y ver como reacciona. Su expresión es de deseo y eso me excita aun más. Sale del mostrador y se acerca a mí:
-En un momento comenzare a degustarte... quiero decir con el chocolate.
-¡aja! Estoy deseando probarlo... todo. –estoy muy excitada, y no se que pasara esta tarde.-Voy a darme una vuelta por la tienda, si no te importa, quiero mirar.
-Claro, elige unos chocolates, para la cata.
-¿Puedo?
-Estas en tu casa. –y me roza la mano suavemente, elevando así mi excitación. El contacto de su piel contra mi piel ha electrificado mi bello, algo a revoloteado en mi estomago y mi coño esta húmedo por la situación.
Mientras paseo por el local voy eligiendo chocolates, blanco, negro, con almendras, con miel, con naranja... ¡¡me los comería todos!!
La gente va saliendo de la tienda, apenas faltan cinco minutos para el cierre y no parece que nadie este interesado en la cata de esta tarde. Mientras echa el cierre, yo espero con la lista de chocolates que quiero probar.
-Bueno pues ya estamos casi listos para catar.
-¿Pero no hay nadie? –pregunto algo asombrada.
-Si, estamos tú y yo. –me dice mientras se quita el sombrero y la bata.
-Pensé que  estaría lleno de gente deseando hacer una degustación.
-Es lo habitual, si.
-No entiendo.
-Esta cata es solo para ti. –me dice mientras se acerca a mi. –ven, vamos dentro.
Entramos en una cocina enorme, industrial, pero no nos paramos. Me lleva por unas escaleras, subimos. Tras una puerta entramos en un pequeño loft, un gran sofá preside el centro del salón, y unas escaleras hacia arriba llevan a una enorme cama.
-¿Que es este lugar? –estoy algo asustada.
-Vivo aquí. Compre el local y el loft para poder unirlo, y así vivir en el mismo lugar en el que trabajo. Es un lujo que me permite pasar mas tiempo trabajando con mis creaciones chocolateras. A veces, me levanto de madrugada, con alguna idea, con algún sabor, y necesito estar conectado con la cocina para crear, de locos ¿eh?
-No, para nada, eso es pasión por lo que se hace. Tus chocolates están hechos con pasión, con ilusión.
-Es algo que viene de familia... la pasión por el trabajo. ¿Bueno por donde quieres empezar?
-Directo al grano... pues... no se. –se acerca, me agarra por la cintura y me besa. Es un beso suave pero intenso, su lengua juguetea con la mía y sus manos acarician mi cuerpo de arriba abajo. Comienza a desnudarme. Primero me quita la blusa, se recrea con la vista. Sus manos acarician mis pechos, abarcando todo su esplendor. Me baja la falda mientras se agacha y me besa el ombligo. Mi excitación sube como la espuma, pero quiero probar el  chocolate y con el dedo le indico si no lo cataremos:
-Tranquila, que lo probaras. –y me sienta sobre una mesa. Suelta mi sujetador y saborea mis pechos, lamiendo suavemente mis pezones. Me indica que levante el culo para quitarme las braguitas y roza mis labios vaginales con una liguera caricia. Me deja allí sentada y se dirige a un armario, de donde saca un aparato de esos para derretir chocolates, mi cara de asombro le divierte:
-Para derretir el chocolate, es la mejor forma de hacer esto. ¿Y tú? ¿No quieres desvestirme?
-Si, claro, claro... es que estoy algo confundida.
-Sexo con chocolate.
-¿Ah si? Bien, probemos. –ahora lo veo mas claro, chocolate derretido y nuestros cuerpos desnudos, que delicia. Comienzo a desnudarle, primero la camiseta, su cuerpo es fibroso, pero no en exceso. Ahora el pantalón, su verga esta tiesa y me sorprende ver que no lleva nada mas ¡hala, en plan comando!
Esparce un poco de chocolate en mis pechos, no mucho, lo justo para mis pezones, y comienza a lamerlos, primero uno despacio, me besa con el chocolate aun en sus labios y la sensación es brutal. El rico sabor del chocolate y sus jugosos labios. Me gusta el juego y decido probar. Cojo un poco de chocolate y lo esparzo en su cuerpo, le gusta... me chupo los dedos sensualmente y acto seguido comienzo a recorrer su cuerpo con mi lengua ¡me excita mucho la sensación!
Me tumba en la mesa y acaricia mi chocho húmedo por la excitación, acerca sus labios a mi clítoris manchándolo de chocolate caliente. Sus boca succiona todo mi esplendor vaginal y acto seguido me besa, la mezcla  del chocolate con el sabor de mi coño es increíble. Nos miramos a los ojos y siento como me penetra, profundo, chocolateado...
Me aferro a su cuerpo y sigo lamiéndolo, mientras nuestros movimientos de cadera se aceleran. Siento que el placer llega, pero no quiero terminar aun, y le paro sujetándolo con fuerza entre mis piernas:
-Espera, aun no... Por favor.
-No hay prisa... pero también podemos repetir... en cuanto me recupere. –me sonríe mientras saca su verga aun dura, de mi coño chocolateado. Me bajo de la mesa. Cojo un poco de chocolate con la boca y me acerco a su polla. Me la meto en la boca. Saboreo el chocolate mientras me lo como todo... y el esta gozando.
Con una caricia en la frente, me indica que esta a punto y me pide que pare. Me levanto y le beso.
-¿Quieres que terminemos en la cama, o prefieres ir a la bañera? –me pregunta cariñoso.

-La ducha esta bien. Esto es divertido pero muy pringoso. –Y me coge en brazos para llevarme al baño. Enciende el grifo de la ducha, me mete dentro y comienza a lavarme suavemente. Primero los pechos, baja por el abdomen hasta el pubis, una pierna, el trasero y cuando sube de nuevo siento como introduce un dedo dentro de mi, la excitación es extrema y me giro para poder tocarle y sentir su piel desnuda sobre mi cuerpo enjabonado. Los dos frente a frente, mirándonos a los ojos, nos sonreímos, nos besamos, y follamos como locos en la ducha hasta llegar al clímax más excitante, dulce y pringoso de mi vida.
FIN

PD: Para Haydeé, espero que te guste potxola!!


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martes, 18 de marzo de 2014

Mi mayordomo

Esta es la historia de una rica heredera que se enamoro del chico del servicio, un joven y guapo mayordomo, que trabajaba a las órdenes del rey Francisco Alberto Martineche de Sinarte, el primer heredero en la línea de sucesión del trono de Sinarte, hijo de rey Alberto Enrique Martineche.
Zaraida, la futura heredera del trono de Sinarte, era una joven de belleza extrema, su eterna sonrisa, su dulce y tierna mirada, y su gran corazón, hacían de ella la perfecta esposa, madre y heredera de un pequeño pueblo, donde sus habitantes vivían felizmente, ya que su rey era bondadoso y amable con sus súbditos. No era así con la reina, una mujer de armas tomar, que llego al trono con sus armas de mujer, artimañas y zorrerias de una mujer de campo, hija única y caprichosa. La reina era la madrastra de la bella Zaraida, su madre biológica los abandono por un joven y apuesto marques, con quien vivía a 300 km de allí.
El rey tenia previsto casar a su bella hija con el príncipe Enrique José de Doinorla, heredero del pequeño pueblo de al lado, haciendo así que ambos pueblos se unan para formar uno solo, y los dos herederos serian los reyes de Doinorla y Sinarte, algo que desde hace años llevan buscando ambas familias.
Pero la preciosa Zaraida no estaría conforme. Ella quería casarse por amor y no por interés, algo de lo que sus padres no querrían oír hablar.


Una mañana, mientras la bella Zaraida leía una de sus novelas románticas en el jardín, el joven Andrés, mayordomo y hombre de confianza del rey, limpiaba la bonita fuente que adornaba aquel enorme jardín.
-Andrés ¿tu crees en el amor verdadero, el amor como el de mis novelas? –pregunto inocentemente Zaraida.
-Yo, su majestad, no puedo opinar sobre cosas que no se.
-¿No sabes lo que es el amor Andrés? Y no me llames así, sabes que no me gusta –insistió ella.
-Señorita yo se lo que es el amor, pero no se como son sus novelas. –contesto el joven.
-¿Acaso no te gusta leer?
-Señorita yo no se leer. –se avergonzó.
-¿Como? Pero eso no se puede consentir. ¿Quieres aprender?
-Si me gustaría señorita, pero mis padres no pueden permitirse pagar la escuela, somos 10 hermanos, yo soy el pequeño y no llega el dinero.
-Yo te enseñare Andrés. Vamos ven, siéntate a mi lado.
-No puedo señorita, tengo mucho que hacer aun, y no me esta permitido sentarme con usted.
-No digas tonterías, por que no puedes sentarte a mi lado. Ahora mismo hablo con mi padre y veras que nos da permiso.
Y muy decidida a ayudar al joven Andrés, se dirigió hacia la casa, donde su padre el rey Francisco, estaba reunido con sus compañeros de caza, y charlaban animadamente:
-Y dice usted su majestad, que el sábado estará todo listo, pero y su esposa la reina ¿esta de acuerdo? Recuerde al ultima vez, casi nos dispara a todos. –reían todos.
-Oh, claro que me acuerdo mi buen amigo, pero esta vez no protestara, ella se va de caza también.
-¿Como? ¿Vendrá con nosotros? Pero eso es inaceptable.
-jajajaja no tranquilos, ella va de caza a la ciudad. Ya sabéis a comprar trapitos. –explico su majestad cuando de pronto su bella hija apareció en el salón.
-¡¡Papa!! ¡¡Papa!! Necesito hablar contigo.
-Cariño, ahora estoy ocupado, dentro de un rato hablamos.
-Pero papa, es importante, por favor. –suplico.
-Esta bien, veamos que es eso tan importante.
-Pero papa, en privado.
-¡uy! Usted perdone majestad. –se burlo el rey. –Me disculpáis un momento, la futura reina necesita a su viejo padre.
-Claro majestad, adelante.
La preciosa Zaraida agarro a su padre del brazo y le arrastro hacia el jardín, donde el joven Andrés trabajaba en la limpieza de la fuente.
-Mira papa, se trata de Andrés.
-¿Andrés? ¿Que ha ocurrido, se encuentra bien?
-Si esta bien, pero ¿tu sabias que no sabe leer? ¿Sabias que sus papas no pueden enviarle a un colegio y por eso no sabe leer? Eso no se puede consentir papa, tú siempre me has dicho que leer es cultura. ¿Como va a culturizarse alguien si no sabe leer?
-Si es cierto cariño, leer es importante, pero Andrés es un mayordomo, no necesita leer para trabajar, al menos no de momento.
-No papa, el es una persona ante todo y yo quiero enseñarle. Por favor papa, déjame que enseñe a Andrés a leer. –la bella Zaraida suplico a su padre.
-Pero cariño...
-Por favor, te lo suplico padre, déjame que le enseñe.
-Esta bien, una hora al día, durante la siesta de tu madre, pero que no se entere nadie, me oyes.
-¡Ay! Gracias papa, eres el mejor, te quiero.


Y así comenzó la joven princesa a enseñar a su guapo discípulo, una hora cada día, durante la siesta de la madrastra. El joven aprendía rápido, sus ganas de aprender le llevaron a saber escribir, leer, sumar, restar... la princesa enseño al joven Andrés casi tanto como ella sabia, y durante sus encuentros intelectuales descubrieron la gran atracción que había entre ellos. Pronto se dejaron llevar por la pasión, y muchas noches ambos se escapan de sus habitaciones para encontrarse en el viejo pajar, sus castos besos en la mejilla se convirtieron en auténticos polvazos de escándalo, orgasmos infinitos y mamadas profundas.
-Mi bello chocho loco, estoy locamente enamorado de ti, y mañana tu padre te presentara oficialmente como prometida de ese loco Enrique José... y yo me muero de amor por ti.
-Lo se mi vida, nuestro pequeño secreto se ha convertido en un profundo amor, yo no quiero casarme con ese hombre, pero mi padre... ¿y si hablo con el? ¿Y si le cuento que te amo, que nos amamos?
-NO, me mataría, nos mataría a los dos. Creo que debería retirarme, marcharme lejos y olvidar que tú existes, que hayas existido alguna vez, por que si te casas con ese hombre yo no podré soportarlo, no soportare ver como le besas, como le tocas... lo siento pero hoy será nuestra última cita.
La pobre Zaraida lloraba desconsolada, ella sabia que su amor prohibido tenia que llegar a su fin, su padre nunca aceptaría semejante matrimonio y le suplico un último momento:
-Por favor, no te vayas sin antes despedirte, no te vayas sin un último momento de amor, de pasión entre los dos, déjame el recuerdo de una última vez.
Y con esas palabras, en el viejo pajar junto a la casa, los dos enamorados se unieron en un profundo beso, sus cuerpos entrelazados echaron chispas de pasión, sin apenas aliento por al intensidad del momento se desnudaron bajo la atenta mirada de la luna llena, testigo mudo de aquel amor, puro y sincero.
Pero lo que no sabían era que la malvada madrastra observaba a lo lejos, desde el gran ventanal de la casa, a hurtadillas, como las viejas tras las cortinas.
Cuando los dos enamorados se juraron amor eterno y se estaban despidiendo para siempre, la malvada madrastra ya había urdido un plan para acabar con ese amor.


Las puertas del pajar se cerraron y un olor intenso a humo se podía percibir desde la casa:
-¡¡¡Fuego!!! ¡¡¡Fuego!!! –se oía desde la casa.
La princesa aterrada por lo que estaba viendo, corrió hacia el pajar donde aun estaba su amado y sin pensarlo un segundo comenzó ha aporrear la puerta y gritando:
-¡¡Andrés!!! ¡¡¡Andrés!!!
Las llamas no eran intensas aun, y de un salto entro en el pajar por una de las ventanas, cegada por la locura de su amor. Su padre llegaba corriendo y horrorizado vio como su única hija se adentraba en una muerte dolorosa y sin remedio.
-¡¡Por dios que alguien saque a mi niña de ahí!! ¿Pero que esta pasando? –el rey pregunto confuso.
-Cariño yo se lo que a pasado, ha sido Andrés yo lo he visto, el ha prendido el pajar.-mintió la madrastra.
-¿Andrés? ¿Y por que haría algo así?
-No papa, no fue el, fue ella. –se oyó tras la humareda negra. –fue tu esposa quien nos encerró en el pajar y prendió fuego, aun sabiendo que nosotros estábamos dentro. –Era la bella Zaraida en brazos de su amado Andrés.
-¿Zaraida? Cariño ¿estas bien? –el rey respiro mas tranquilo al ver a su niña.
-¿Que dices niña descocada? ¿Que coño hacías tu en el pajar con el mayordomo? –se defendió la malvada madrastra.
-Papa, amo a Andrés, y el me ama a mi. Yo se que lo nuestro es un amor prohibido, pero yo no puedo decidir a quien amar. Yo no quiero casarme con Enrique José, ni quiero heredar el reino de Sinarte, eso no me haría feliz. Tú siempre me has dicho que lo importante en la vida es ser feliz, ¿no es así papa?
-Mi vida... ¿por que no me lo contaste? Yo quiero tu felicidad, y si Andrés te hace feliz, yo lo aceptare si así lo deseas. No supe hacer feliz a tu madre, y ella se marcho, no quiero perderte a ti también. Aceptare tu boda con Andrés, pero solo con una condición.
-¿Una condición? –los ojos de la princesa se abrieron cual besugo en el mar.
-Ambos aceptareis heredar el trono de Sinarte, vosotros seréis los nuevos reyes, la nueva estirpe Sinarte.
-¿Como? Aahhh nooo ni hablar, eso no puede ser. Yo te daré un nuevo heredero, yo tengo quien herede el trono y se case con el príncipe Enrique José. –protesto la madrastra.
-¿Tu? Tú ya no tienes voz ni voto en esta familia. ¡¡Deténganla!!! -ordeno el rey.
Y así la bella Zaraida consiguió casarse con el amor de su vida, Andrés el mayordomo, quien le hizo feliz el resto de su vida, y le dio 8 pequeños herederos para el bonito pueblo de Sinarte.

Y colorín colorado este cuento loco se ha acabado.

FIN

pd: Para Z.R.L espero que te guste!!!



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