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miércoles, 7 de mayo de 2014

La clase de gimnasia 2

Llegué a casa algo cansada, pero mi peque tenía ganas de jugar, así que antes de la cena me lo subo al ático, mi lugar favorito de la casa. Es un niño muy listo, juguetón y cariñoso, me recuerda mucho a mi hermano cuando tenía su edad. Jugamos un par de horas y después ayudamos a la abuela a poner la mesa.
Durante la cena, noto que mi madre esta algo nerviosa, y temo que halla hecho alguna de las suyas:
-Mama, te noto algo inquieta ¿sucede algo?
-No... no, que va... serán imaginaciones tuyas. –pero se que algo le preocupa.
-¡¡Madre mía, Candela Serrantes Peña!! ¿Que has hecho? –le grita mi padre.
-¡¡Ay Teo, cállate, por dios!! –y eso confirma mis sospechas.
-¡¡Mama!!
-Venga todo el mundo a la cama, mañana hay que madrugar. –y así consigue escaquearse de todo, pero se que algo ha pasado, alguna ha liado, y no me queda otra que esperar a ver que pasa.


Mientras me ducho, antes de acostarme, recuerdo la clase de gimnasia... imagino a Andrés con el torso desnudo, sudando por el esfuerzo, mientras me mira. Me excito al pensar en la posibilidad de una noche de sexo con el. ¿Será tierno, será romántico, será salvaje? Y que importa, si nunca lo sabre.
Ya en la cama no puedo dormir. Pienso en que habrá hecho mi madre, si tendrá algo que ver con el, o si solo son cosas mías. Tocan la puerta de mi habitación:
-Cariño ¿duermes? –mi madre asoma la cabeza por la puerta.
-¿Mama? ¿Que pasa?
-No te enfades... hoy estuve con Andrés.
-¡Joder mama!
-Sshh... Me preguntó por ti, el pensaba que venias con tu ex, y me preguntó si estabas libre, si sales con alguien.
-¿Que? ¡Andrés pregunta si estoy libre, eh! Se paso por la panadería esta tarde.
-Yo le dije que estabas allí. ¿Y compro pan?
-Si, dos barras ¿por que?
-Jajajaja tu tía Paca le lleva el pan por la mañana temprano.
-¡ah si! Mama...
-Dime cariño.
-Yo estaba enamorada de Andrés en el colegio. Incluso le escribí algunas cartas.
-Lo se, yo tengo esas cartas. Están arriba, en el ático.
-¿Tu  las tienes? ¿Por que?
-Siempre me pareció bonito como te declarabas, su familia siempre fue amable y cordial, y pensé que algún día, vosotros...
-¿Nosotros? No mama, el nunca se intereso por mi.
-¿Como que no? Venia cada Lunes, antes de que te levantaras para ir al cole, y preguntaba: ¿señora candela, la Merche esta para ir al cole?
-¿Todos los lunes? ¿Y que contestabas tu?
-No Andrés, aun esta en cama. Y el pobre se marchaba con la cabeza gacha. Si venia mas tarde, tu ya no estabas, pero seguía viniendo todos los lunes. Cuando te casaste, su madre me confeso que el lo paso mal.
-Pero no entiendo, el nunca me hizo caso en el cole.
-Tienes que hablar con el. Cuando le dije que estabas sola, que te separaste... madre mía ¡¡se le ilumino la cara!!
-¿De veras mama? Ayer, cuando lo vi en el cole... sentí...
-Si me di cuenta, parecía que habías visto un fantasma. Bueno, mañana, en el cole, habla con el. Tiene un par de horas libres a primera hora. Me preguntó si llevarías tu a Nico al cole, posiblemente querrá charlar. Buenas noches, que descanses. –me beso la frente, como cuando era una niña, pero ahora se siente diferente. Ahora se aprecia mas esa ternura, esas palabras antes de dormir, ese amor de madre que tanto me faltaba.
-Gracias mama. Buenas noches.


Son las 7:00. Aun me queda una hora y media para levantarme, pero no puedo dormir. Estoy ansiosa por saber que sucederá hoy con Andrés. Me levanto, abro las cortinas y el sol luce esplendido, su calor en mi cara me recarga de energía. Estamos al final de la primavera, y aunque el fresco es notable a primera hora de la mañana, decido ponerme un bonito vestido de cuadros y unas sandalias. Recojo mi pelo en un moño despeinado y perfumo mis puntos estratégicos. Bajo a la cocina, mi madre prepara el desayuno y papa ya esta en la huerta.
-Nena ¿a donde vas?
-¿Que?
-Estas impresionante, no entiendo por que no te preparas así cada día.
-Anda calla y dame una taza de café. –me sonrojo y me miro a través del cristal. Posiblemente sea demasiado, debería subir y cambiarme, soy una mama, no debería vestirme así.
-¡¡No, ni se te ocurra!! –me grita mi madre.
-¿que? ¿Que pasa?
-Te conozco, esa mirada y el gesto torcido de tus labios... vas a ir así al cole, vas a hablar con ese hombre y escucharás lo que tenga que decirte, sin rechistar ¿me oyes bien?
-Si mama, esta vez si.
-Bien. Ve a despertar al nene.
Mientras desayunamos intento pensar en mi plan de escape, solo por si sale mal, pero estoy de buen humor y las palabras de mi madre me hacen recapacitar.
Aunque solo fuera  una noche, aunque luego no volviera a verle más...


Apenas me quedan unos metros para llegar al cole y estoy nerviosa, como si fuera mi primer día, mi primera vez:
-Hola Merche.
-Andrés... hola, buenos días. –le sonrío y el me devuelve la sonrisa...con algo mas.
-Estas preciosa esta mañana ¿tienes una cita? –noto su mano por mi cintura.
-Si... no... yo... no lo se.
-Has hablado con tu madre ¿verdad? ¿Puedes esperarme en la puerta del cuarto de gimnasia en... digamos 15 minutos?
-¡Ah! Si, si claro.
-Bien, hasta dentro de un rato. –me mira directamente a los ojos y me sonríe mientras se muerde el labio inferior en un gesto muy erótico.  No soy muy de indirectas, pero vamos, yo diría que es una insinuación en toda regla, lo que hace que me ponga más nerviosa aun.
Dejo a Nico en el aula y me dirijo a mi “no cita” con Andrés. La puerta esta cerrada, así que espero pacientemente mientras leo el tablón de anuncios. Han pasado ya los 15 minutos y no hay nadie, no se oye ni el susurro del viento cuando de pronto... alguien me susurra al oído:
-Lo siento, no me gusta llegar tarde a mis citas... ¿estas lista? -¿lista para que? madre mía, esto no es lo que pensaba, este quiere proponerme algo para el cole y yo pensando en sexo... ¡¡veras que lío!!
Abre la puerta y me empuja suavemente hacia dentro. Es una pequeña habitación llena de cosas para hacer gimnasia; pelotas, raquetas, cuerdas... esta todo en baldas que parecen de metal y hay una pequeña luz en techo. Andrés cierra la puerta con llave y yo comienzo a temblar.
-¿Tienes frío? –me pregunta mientras coge mis manos.
-No... yo... estoy aterrada.
-¿Pero por que? ¿Tienes miedo de mí? –se acerca a mi, me apoya sobre las baldas, dejándome completamente indefensa. Su mirada me pierde. Siento sus manos subir por mis piernas.
-¿Quieres que pare?
-¡¡NO!! No, por favor.
-Podemos ir más despacio, pero te deseo tanto, cuando te vi ayer... Merche. –sus suaves labios en contacto con los míos. Sube una mano por mi trasero, mientras que la otra se posa en mi cuello... y entonces me besa... pasional, húmedo. Su lengua y la mía echan un pulso a muerte, como si estuviesen esperando este momento dese hace décadas. Noto el frío metal en mi trasero y me excita. Con sumo cuidado me quita las bragas, levanta mi vestido y lo sube hasta sacarlo por mis brazos. Me observa, como si nunca antes hubiera visto algo así:


-Tu piel es tan suave, y huele tan bien, eres una delicia Merche.
Siento sus labios, húmedos y suaves sobre mis pechos, sus manos recorren mi chocho de arriba abajo, despacio, como meciéndose. Noto como me humedezco por mis fluidos, hacia mucho que no me excitaba así... quiero sentirle dentro de mi... abro su bragueta y meto la mano, siento su miembro erecto y eso me lleva a la locura mas absoluta. Como si fuera una necesidad le quito los pantalones, agachada y mirándole a los ojos. El me agarra con sus manos, me acaricia tiernamente... y sin dejar de mirarle me la meto en la boca, entera, hasta la campanilla ¡¡Merche!! ¿Que haces? Me digo a mi misma... pero el cuerpo me lo pide y el lo agradece con sus pequeños gemidos de placer. Durante un momento me siento poderosa, puedo llevarle hasta el clímax solo con mi boca, puedo parar y pedirle que folle ahora mismo... pero quiero que sea el quien decida, quiero, por una vez, sentirme deseada...
Sin decir nada, se agacha para levantarme y colocar mi culo sobre una balda fría, abre mis piernas y me introduce la verga, dura y húmeda por mi saliva... el placer es intenso... sus besos saben dulces, pero sus envestidas son pasionales... me agarra con fuerza por la cintura... y lo noto, su chorro inunda mi chocho y se mezcla con mis fluidos, sus gemidos en mi oído me excitan, por que me dicen que esta gozando, y yo soy la culpable de ello.

-Te toca. –me susurra. Sin moverme del sitio comienza a acariciar mi clítoris, su polla aun sigue dentro de mí, y su lengua se ha vuelto más juguetona. Me levanta hasta llegar con mis piernas a sus hombros, mi coño, completamente expuesto en su cara, pide a gritos ¡¡cómeme!! Y no se hace esperar. Su juguetona lengua aterriza en mi clítoris hinchado y húmedo, desliza sus suaves labios por todo mi chocho, sus dedos entran lentamente por mi vagina... la excitación es máxima. Acaricio su pelo mientras el agarra mi culo con las dos manos y aprieta mi coño sobre su cara ¡¡se va ahogar, por dios!! Pero el placer es tan intenso que no podemos parar, ni el ni yo. Me lleva al suelo y vuelve a penetrarme sin dejar de acariciar mi clítoris, aun excitado y húmedo. Y así, sobre el suelo frío y rodeada de pelotas y cuerdas de gimnasia, llego al orgasmo más placentero e intenso de toda mi vida, con el amor platónico de mi adolescencia.

Continuara....

domingo, 6 de abril de 2014

La clase de gimnasia

          Es el primer día de cole de mi hijo Nicolás, apenas tiene 5 años, y ya ha vivido una mala experiencia. Tras mi ruptura matrimonial he vuelto a casa, al lugar que me vio crecer, y de donde huy hace mas de 10 años. Apenas ha cambiado, todo sigue en el mismo lugar donde lo deje, mi casa, mis amigas, mi viejo coche, y por supuesto mis padres.
Nuestra separación fue de mutuo acuerdo, todo muy amablemente y sin discusiones, pero yo no tengo trabajo y el piso era de alquiler, lo que me obligo a volver al pueblo. Aquí la vida es tranquila, sin el agobio de una ciudad, pero con pocas oportunidades de futuro. La tía Paca tiene la panadería, y muy amablemente a aceptado darme un puesto de dependienta despachando pan, algo que no puedo rechazar dadas las circunstancias.
El colegio esta bien, pocos alumnos pero buen nivel y profesores bien cualificados, Nicolás estará bien atendido mientras yo trabajo, y el esta contento. ¡¡Lo que no se es como podré soportar vivir aquí!!

Son las nueve de la mañana y todos los alumnos del cole esperan en el patio la llamada de la profesora, Lourdes Villanueva, antigua alumna del colegio, y una de mis mejores amigas de la infancia:
-Merche ¿que tal? ¿Como te va? Me comento tu madre que volvías, después de tanto tiempo, quien lo iba a decir ¿verdad? –siento rencor en sus palabras.
-Hola Lourdes. Son circunstancias de la vida, uno nunca sabe donde estará mañana.
-Claro. ¿Este es tu hijo? Es muy guapo, se parece a tu hermano.
-Este es Nicolás, es buen estudiante, y muy bueno.
-Tranquila Merche, aquí estará bien. Vamos Nico, es hora de aprender y jugar.
Lourdes estaba enamorada de mi hermano desde preescolar, pero Enrique nunca se fijo en ella. Yo intente por todos los medios que se hicieran novios, pero no hubo manera, y ahora entiendo por que. Mi hermano vive en Londres desde hace 20 años, desde que salio del armario. Pobre Lourdes, creo que nunca lo supero.
Mientras me despido de Nicolás unas niñas muy monas salen al patio, parece que se preparan para la clase de gimnasia. Rondan los 12-13 años, son unas seis niñas todas vestidas con unos leggins negros y unas camisetas blancas de tirantes. Los niños, unos cuatro, están sentados cerca de las porterías, y parecen enfadados, aunque a esa edad quien no lo esta. Todas están contentas, sonrientes, incluso parecen excitadas, algo poco usual para una simple clase de gimnasia, por lo que decido quedarme a ver que pasa.
Y de pronto lo veo... aparece tras la verja negra del patio... castaño, ojos color miel,  fibroso, con un trasero bien formado y prieto, una amplia sonrisa, guapísimo... y le reconozco... ¡¡madre mía, es Andrés!! Estaba loquita por el en 6º, y en 7º, y en 8º también, fue mi primer amor, platónico, totalmente platónico. El jamás se fijo en mi, apenas cruzábamos unas palabras como: hola, pásame un boli, no tengo folios, que menú hay en cole... y tonterías así.
Decido marcharme cuando nuestras miradas se cruzan... me sonríe, le devuelvo la sonrisa y noto mi chocho palpitar. Ahora entiendo a las niñas, todas locas por el profe de gimnasia, en cambio los chicos enfadados por no poder competir con semejante contrincante.

Mientras vuelvo a casa, hago memoria, intento recordar en que momento nuestras vidas dejaron de cruzarse... ¡ah! Claro, fue cuando mi exmarido llego al pueblo. El, mi ex, lleno mi vida de luz y color, de sueños y locuras por hacer, y fue por el por lo que deje todo aquí, mi vida, mis amigas, mi familia, todo.
-Cariño ¿que tal el nene? ¿Quedo contento? –mi madre esperaba en la puerta de la casa.
-Si mama, todo bien.
-Pareces distraída ¿ha pasado algo?
-Mama, ¿Andrés nunca se marcho del pueblo? He visto que da clases de gimnasia en el cole y...
-¿Andrés? Siii, el se fue a la ciudad con Clara, allí se casaron y tuvieron un par de niños, hasta que ella lo abandono, se fue con un veinteañero, cubano creo... pobre hombre, solo con dos niños. El volvió al pueblo hace dos años y se coloco en el colegio. Ha hecho mucho bien por los chicos, es un buen hombre, cariñosos con sus hijos y amable con sus alumnos... mira haríais buena pareja.
-¡¡mama!!
-Solo era una idea. –la veo sonreír, lo que significa que no lo dejara estar.
-No te metas en mi vida sentimental, mama por favor te lo pido.
-Esta bien, esta bien... ¡tan modernos que sois los jóvenes, y luego no sois capaces de arrimaros un poco!
-¡mama! ¿Estas hablando de sexo?
-No, de arandanos... –sacude la cabeza y entra en casa con una sonrisa. Y la verdad es que no me importaría “arrimarme” con Andrés.

La casa de mis padres es antigua, pero recientemente la han restaurado. Es amplia, con un gran jardín con árboles frutales y un pequeño huerto. Tiene cuatro habitaciones, por lo que no discutimos por el espacio, dos baños amplios y un ático con unas vistas impresionantes. Mi madre cocina, mientras mi padre atiende el huerto y alguna gallina ponedora, los recuerdos de mi infancia se agolpan en mi cabeza cuando subo al ático y observo el paisaje, las flores, el olor,  los colores... todo me trae recuerdos.
Es la hora de comer, y en una hora comienza mi turno en la panadería. Hay pan todo el día, ya que es la única panadería en 10 km a la redonda.
La tía Paca es hermana de mi madre, y la panadería es herencia de su marido, que falleció hace años. Ella ha sabido levantar el negocio sin ayuda de nadie, su única hija, Marcela, y ella ha servido pan y bollería casera durante estos años a todos los pueblos de alrededor, incluso ahora con la nuevas tecnologías sirven a domicilio, hacen pan a la carta, tartas y bollería especiales para gente celiaca o diabética, incluso tiene una pagina Web. Yo no se nada de hacer pan, ni bollería, pero si de despachar el pan, ya que de niña ayudaba a tía Paca, y en la ciudad trabaje en un supermercado algún tiempo.
-Buenos días mi querida sobrina, ¿preparada para tu primer día?
-Hola tita. Estoy algo nerviosa, pero prometo hacerlo bien.
-No te preocupes, por la tarde hay poco trabajo, por eso te pedí el esfuerzo. Cuando te encuentres cómoda con la clientela pasaras al turno de mañana.
-De acuerdo.
-Mira tu primer cliente, te dejo sola. Tienes todos los precios marcados, y la caja registradora ya sabes como funciona ¡suerte cariño!
-Gracias tita.
Y mi primer cliente apareció como en un sueño...
-Buenas tardes ¿que le sirvo?
-Hola Merche.
-¡Andrés! ¿Que, que tal? ¿Que te pongo? Quiero decir... que pan, cuanto pan... perdona, es mi primer día y...
-Tranquila. Una barra normal y una de centeno por favor.
-Claro, ahora mismo. –note el calor en mi cara, como si el horno de la panadería hubiera subido 100 grados la temperatura del local. –aquí tienes, son 1,95 euros.
-Muy bien, gracias Merche. Hasta mañana.
-Adiós... Andrés y gracias. –y mi chocho volvió a palpitar, humedecí las bragas al oír mi nombre salir de su boca, el calor invadió todo mi cuerpo y una pequeñas gotas de sudor recorrieron mis pechos hasta llegar a mi ombligo.

Durante la tarde seis personas más vinieron a comprar pan, y algún bizcocho para desayunar, pero mi mente seguía con Andrés. Mis recuerdos del colegio invadieron mi mente durante la tarde, recordé mis cartas de amor para Andrés, apenas tendría 10 años cuando comencé a escribirlas. 


Continuara...